Últimamente, la inteligencia artificial se ha convertido en uno de los principales ejes de debate en el ámbito corporativo. Su papel, uso e impacto en procesos como la inversión, la valoración de empresas o las operaciones de M&A son objeto de análisis constante.
Por primera vez, las pequeñas y medianas empresas (PYMES) tienen acceso a los mismos avances tecnológicos que las grandes corporaciones internacionales. Algunos analistas sostienen, incluso, que se encuentran en una posición ventajosa para adoptar estas tecnologías, gracias a estructuras más ágiles que facilitan la adaptación y la redefinición del modelo de negocio.
Sin embargo, la capacidad de aprovechar esta ventaja no es automática. El éxito dependerá de hasta qué punto las empresas sean capaces de transformarse e integrar la IA de manera efectiva en sus procesos y operaciones, generando resultados tangibles. Esta capacidad de ejecución será clave para diferenciar a las compañías con ventajas competitivas sostenibles de aquellas que queden más expuestas a la disrupción.
Desde una perspectiva externa, puede parecer que el mercado premia principalmente la narrativa asociada a la IA. No obstante, los inversores tienden a analizar con rigor el valor real que esta tecnología aporta a cada empresa: ¿Mejora efectivamente el producto o servicio? ¿Incrementa la recurrencia de los ingresos? ¿Permite reducir costes o aumentar precios? ¿Actúa como un elemento claro de diferenciación competitiva? Cuando la respuesta es afirmativa, es probable que la valoración de la empresa se vea afectada positivamente.
Con todo, la IA también ha demostrado ser un arma de doble filo. En determinados segmentos del desarrollo de software, está impulsando una reducción significativa de los costes de producción. Cada vez se requieren menos recursos y menos tiempo para desarrollar soluciones, al tiempo que aumenta la especialización. Esta dinámica puede provocar que determinados productos, especialmente aquellos menos críticos o fácilmente replicables, vean erosionada su ventaja competitiva. En otras palabras, cuando el coste de sustitución disminuye, el valor percibido también tiende a reducirse.
Por este motivo, el mercado ya no se limita a valorar el crecimiento histórico o el relato tecnológico. Cada vez adquieren más relevancia la durabilidad del crecimiento, la capacidad real de monetizar la IA y el riesgo de que esta misma tecnología reduzca las barreras de entrada en el sector.
¿Dónde puede impactar más la IA?
1. Software B2B crítico o integrado en procesos
Es uno de los segmentos que mejor puede capturar valor. Cuando el software está integrado en la operativa del cliente y la IA mejora la productividad, la automatización o la toma de decisiones, la compañía puede reforzar la retención, el pricing y la expansión comercial. Aquí la IA suele actuar como una palanca adicional sobre un producto que ya era valioso.
2. Software horizontal o menos crítico
Aquí es donde muchos inversores muestran más prudencia. Si el producto resuelve una necesidad útil pero no esencial, y además sus funcionalidades pueden replicarse más rápido y más barato gracias a la IA, el riesgo aumenta. No porque el negocio deje de tener sentido, sino porque puede perder diferenciación y poder de fijación de precios.
3. Consultoras tecnológicas
La IA puede ser una oportunidad muy interesante, pero no de forma automática. Las firmas mejor posicionadas suelen ser aquellas que convierten conocimiento en soluciones reutilizables, aceleradores, metodologías o especialización sectorial. En cambio, los modelos muy apoyados en la venta de horas indiferenciadas pueden sufrir más presión si el comprador anticipa que parte del trabajo será automatizable.
4. Data, cloud, ciberseguridad y gobierno del dato
Muchas compañías no capturarán valor por “hacer IA”, sino por permitir que la IA funcione. La calidad del dato, la integración, la seguridad, el cumplimiento normativo y la infraestructura son cada vez más relevantes. Este tipo de activos suele ganar atractivo porque resuelve necesidades más estructurales y menos tácticas.
5. Software vertical y compañías con datos propios
Probablemente una de las categorías más interesantes para el middle market en Europa y España. Cuando una empresa opera en un nicho concreto y combina software, conocimiento sectorial y datos propios, la IA puede reforzar una posición difícil de copiar. Aquí no solo importa la tecnología, sino también el contexto, el histórico y la profundidad del caso de uso.
¿Qué están premiando realmente los inversores?
Más que la simple presencia de IA, lo que se está valorando es:
- la existencia de una ventaja competitiva sostenible,
- el impacto real y medible en ingresos y/o márgenes,
- la dificultad de sustitución del producto o servicio,
- y la capacidad de demostrar que la IA refuerza el modelo de negocio, en lugar de debilitarlo.
En el contexto europeo y español, estos criterios adquieren una relevancia especial. Las valoraciones tienden a depender menos de narrativas y más de la visibilidad comercial, la calidad de los ingresos, la dependencia del equipo gestor y la solidez del posicionamiento competitivo:
| Categoría | Impacto en la valoración | Qué mira el inversor |
|---|---|---|
| Software B2B crítico | Positivo | Retención, pricing, integración y barreras de salida |
| Software horizontal | Mixto o prudente | Riesgo de sustitución, presión en precios, menor diferenciación |
| Consultoras tecnológicas | Selectivamente positivo | Especialización, IP propia, soluciones reutilizables |
| Data / cloud / ciber / gobernanza | Positivo | Rol habilitador, recurrencia, relevancia estructural |
| Software vertical con datos propios | Muy positivo | Ventaja difícil de replicar, profundidad sectorial, monetización real |
La IA no hace que todas las empresas tecnológicas valgan más. Lo que hace es volver mucho más visible cuáles tienen una posición sólida y cuáles pueden llegar a ser más sustituibles. En términos de valoración, esta distinción es fundamental.
Si te planteas cualquier tipo de transacción empresarial, no dudes en contactarnos en admin@tegancorporate.com y lo comentamos.